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15 de diciembre de 2008

Pedir un préstamo para pagar otro en vigor

Compensa en muy pocas ocasiones debido a los intereses, comisiones e impuestos que hay que abonar.

Capacidad de endeudamiento

En estos momentos de crisis en que muchas familias no saben qué hacer para afrontar tantas deudas, entre ellas las hipotecarias, y en una coyuntura laboral cada vez más inestable, no son pocos quienes se plantean solicitar un nuevo préstamo para pagar el primero. Una opción que puede entenderse, en princio, descabellada porque supone entrar en un círculo vicioso de difícil salida, salvo que el titular esté seguro de que contará con ingresos elevados en un periodo posterior con los que podrá hacer frente al pago del segundo crédito.

Lo primero que debe hacer la persona que ha llegado a una situación en la que le cuesta pagar las mensualidades del primer préstamo es analizar la capacidad de endeudamiento que aún tiene. Es importante hacer un estudio claro y exhaustivo de los ingresos que le reporta su trabajo, si está seguro de que éste es fijo o corre el riesgo de perderlo, y reflexionar sobre los bienes con los que cuenta y si estos son o no prescindibles. Por otra parte, ha de calcular los gastos fijos mensuales actuales y los de los próximos meses, como el pago de cuotas de hipoteca o de préstamos personales. Esto le dará una idea de la situación en la que se encuentra, y su nivel de endeudamiento, que los expertos aconsejan limitar al 40%.

Quien decida solicitar un préstamo para poder hacer frente al pago de otro debe tener en cuenta varios factores como los intereses, comisiones e impuestos que deberá pagar. El préstamo va acompañado de unos gastos iniciales de apertura, documentación e impuestos jurídicos. Además, hay que abonar los honorarios del notario y del registro. Después hay que considerar el tipo de interés que se aplica así como la penalización por la cancelación o amortización anticipada si esto sucede. Por otra parte, es importante valorar cuánto hay que pagar por el retraso de las cuotas impagadas por si esto llegara a ocurrir. No obstante, si el segundo crédito se solicita en una entidad de confianza, donde conocen al titular, su capacidad para negociar el pago de comisiones y el tipo de interés es mayor.

Otro dato negativo a tener en cuenta antes de solicitar un crédito es que si la garantía del préstamo es personal, el titular y los fiadores responden personalmente con sus bienes presentes y futuros.

OPCIONES POCO RECOMENDABLES
Hay alternativas que, según los expertos, es mejor no tomar cuando no se puede pagar un préstamo. Una de ellas es reunificar las deudas a través de empresas intermediarias porque, aunque se paga menos al mes, el importe final que se abona es mayor al contratado inicialmente. En la reunificación, lo que se hace es pedir prestado más dinero para pagar todo lo que se debe (esto supone la cancelación de todos los créditos abiertos), con un plazo más amplio. Es decir, que la cancelación de cada una de las deudas va a suponer un gasto que deberá ser sumado al calcular el coste total de la operación.

Tampoco es aconsejable acudir a las empresas privadas que ofrecen créditos exprés, de poco dinero -entre 3.000 y 6.000 euros-, en los que no es necesario cumplir demasiados requisitos. A cambio sus intereses son muy elevados ya que pueden rondar e incluso superar el 20%. Con este tipo de préstamos se consigue el dinero con facilidad, en ocasiones basta con levantar el auricular del teléfono pero hay que sumar lo que el prestatario debe en el primer préstamo, lo que ha de pagar con el segundo y los altísimos intereses. Antes de decidirse por esta opción conviene agotar todas las posibilidades de negociación con su banco.


Dificultades para la concesión

En el caso de que el interesado decida solicitar el nuevo préstamo debe saber que el banco va a analizar minuciosamente si cumple con las exigencias establecidas, porque la entidad no se arriesga. No va a ser fácil en las circunstancias actuales que el consumidor pueda recibir un préstamo si no ha terminado de pagar el otro. No obstante, es importante saber de antemano cuáles son los requisitos que solicitarán desde la entidad.

Cuando se trata de pedir un crédito para adquirir un bien o servicio concreto -comprar un coche, reformar la vivienda, matricularse en la universidad- es necesario entregar la factura para justificarlo. Sin embargo, en el préstamo personal no es obligatorio decir para qué se va a utilizar el dinero, lo que supone una ventaja para el consumidor, pues si dice que es para pagar otro préstamo, la solvencia del cliente se verá comprometida. Pero quien desee solicitar un préstamo tiene la obligación de informar al banco sobre su situación económica actual, el tipo de bienes con los que cuenta, los ingresos procedentes de su trabajo, así como las deudas que pueda tener con otra entidad o con el propio banco al que está pidiendo el dinero.

Si algún cliente quiere ocultar información, ha de saber que el Banco de España guarda un registro con todos los préstamos que se han concedido: la Central de Información de Riesgos del Banco de España (CIRBE). La entidad tiene la obligación de pedir al cliente permiso para consultar estos datos; si éste se niega, el banco no puede, legalmente, hacer la consulta, pero puede negarle el crédito por este simple hecho. En las circunstancias actuales, cuando el banco mira la CIRBE y observa que el solicitante aún tiene un préstamo por pagar, es fácil que se eche atrás a la hora de otorgar el dinero, a no ser que existan otros motivos que aconsejen concederlo, como importantes avales.

El banco también consulta el historial crediticio del solicitante en bases de datos como RAI o ASNEF. Cuando se produce un impago, el nombre del infractor pasa directamente a estas bases de morosos y queda reflejado en ellas hasta que se pague la deuda. Por ello es importante no dejar ninguna cuota sin pagar. Además de aparecer en el registro de morosos, el impago de una mensualidad supone el pago de comisiones por retraso.

¿Qué otras opciones se barajan?
Una buena relación con los empleados de la sucursal siempre es efectiva a la hora de pedir una renegociación de las condiciones del préstamo. Se puede pedir, al igual que con las hipotecas, una ampliación de las cuotas, negociar una ampliación de plazo a pagar, aunque a la larga se paguen más intereses y solicitar durante un tiempo unos meses de carencia. El banco estudiará las condiciones y decidirá si debe hacer o no este cambio en la manera de devolver el dinero.

Otra de las opciones es pedir un préstamo a un familiar o amigo. Dependiendo de la confianza que se tenga con los allegados puede ser una alternativa a tener en cuenta, aunque a veces la vergüenza de reconocer que se están pasando apuros económicos o el temor de escuchar un "si ya te lo dije" frenan al solicitante. Ésta es una de las mejores alternativas que puede tomar la persona que necesita dinero: dirigirse a alguien de confianza, plantearle con claridad la situación y pedirle un préstamo. Sería importante que el propio interesado le propusiera al familiar o al amigo que todo quedara por escrito. De lo contrario, pone al prestador en una situación difícil porque, aunque confíe en su allegado, siempre es mejor dejar las cosas claras desde el principio y huir de los contratos verbales.

El prestatario y el prestador han de reunirse y redactar un escrito en el que figure la cantidad que uno le presta al otro, si existen o no intereses.. Es conveniente incluir también la fecha en que se hace el préstamo, cuándo se va a devolver, las cuotas, si éstas existen.. Una vez firmado por los dos intervinientes, conviene llevarlo a la Agencia Tributaria para que se legalice. De este modo, la persona que necesitaba el dinero lo habrá conseguido de una manera más sencilla, lo podrá devolver en plazos más cómodos y con unos intereses menores. El prestador, por su parte, cuenta con el respaldo legal para saber que su familiar o amigo le devolverá la cantidad prestada.

Otra alternativa para poder pagar las mensualidades de un préstamo sin tener que pedir otro es empeñar alguna joya u objeto de valor. Lo más recomendable en estos casos es acudir a los Montes de Piedad, adscritos a una caja de ahorros, pues la cuantía que se puede recibir es mayor que en las casas de empeño, y los intereses que cobran también son menores. En estas entidades se puede obtener un préstamo rápido dejando la alhaja como garantía. La pieza se tasa y, a partir de ahí, el Monte de Piedad le deja entre el 70% y el 85% del valor de la joya. Después el cliente tiene un año para devolver el dinero que le han prestado más los intereses (entre el 5% y el 10%). De lo contrario, el objeto empeñado será subastado.

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