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2 de noviembre de 2008

Las hipotecas ahogan a las familias, que recurren a Cáritas en busca de ayuda

«En España se vive una situación de emergencia y en León es igual o peor que en otras provincias». El director de Cáritas Diocesana en León, Carmelo González Arranz, pinta un panorama que no quiere incidir en el alarmismo, pero sí poner en claro lo que actualmente se vive. Las necesidades se han multiplicado al mismo ritmo que los problemas y uno de los puntos a los que suelen acudir personas de todo tipo es a Cáritas. Allí reciben y acogen, dice entre orgulloso y resignado su director, «a los que nadie atiende, porque hay otros organismos que cubren otras necesidades, pero en Cáritas no se excluye a nadie». En torno a un «50-60%» se ha incrementado la demanda de ayuda en los últimos meses desde que la crisis ya no pudo ser escondida ni desmentida por nadie. De hecho, las colas han vuelto a aparecer, fundamentalmente en el colectivo de inmigrantes, con unas 60 personas diarias que reclaman ayuda de todo tipo. Los hay como una pareja de hermanos que se han quedado sin trabajo y con el único amparo que se les pueda prestar desde esta organización.

Ahora también llegan hombres
Pero al margen de los inmigrantes, el perfil de potenciales perceptores ha ido variando considerablemente. Una de las situaciones más ilustrativas puede ser el cambio de género en el demandante de esa ayuda. Hasta hace tan solo unos meses, eran las mujeres las que acudían en un 80% a cualquiera de los centros. Sin embargo, ahora la cifra se ha equilibrado.

Pero es que además, las familias ya no sólo reclaman artículos de primera necesidad, sino que ésta ha pasado a ser el pago de la hipoteca o incluso de los libros y material escolar para superar el gasto que conlleva el comienzo del curso de sus hijos. Y eso en situaciones en las que la pareja puede estar trabajando y donde el desplome de la economía ha supuesto que estos núcleos familiares hicieran agua. La ayuda es puntual, personalizada y controlada al máximo, ya que no se entrega el dinero en mano, sino se cubren las necesidades que se detectan con el pago de las mismas. Pero sin duda, una de las situaciones que conducen a su análisis es el crecimiento desmedido, según incidía González Arranz, del transeuntismo femenino. Mientras tanto, en la capital segoviana, todavía no tienen datos concretos, pero la «impresión» del trabajo diario permite afirmar que la crisis ha comenzado a hacer mella en los bolsillos de más familias segovianas, que, incapaces de hacer frente a todos sus pagos, se ven obligados a acudir a instituciones de ayuda. Desde comienzos de año, el incremento de la demanda se empezó a notar; el verano, una época de menos trabajo que esta vez se ha vivido con más actividad de lo habitual, confirmó la tendencia, y septiembre y el comienzo han agudizado la situación que las cifras oficiales se encargarán de ilustrar al cerrar el ejercicio.

Por el momento, las peticiones de ayuda para libros de texto ya se han duplicado, pasando de las 18 recibidas en 2007 a las 35 que ya se contabilizan este ejercicio.
Pero detrás de esos números hay historias personales, en muchos casos de familias que hasta ahora habían sido capaces de salir adelante, pero a las que los efectos de la crisis se lo impiden. Algunos porque se han quedado sin trabajo, otros, sin embargo, pese a mantener su empleo, se ven incapaces de pagar todos los recibos y hacer frente a la hipoteca, uno de los motivos que más se ha incrementado para pedir ayuda a Cáritas.

Los perfiles de quienes llegan ahora a esta ONG son diversos y de todas las edades, desde familias monoparentales a matrimonios con hijos, inmigrantes o transeúntes. Precisamente entre estos últimos, desde Cáritas Segovia se ha detectado un aumento de los extranjeros. «No tienen el perfil de llevar bastante tiempo en la calles, sino que es gente que no estaba acostumbrada a utilizar estos servicios», apunta Maite Casado, responsable de orientación laboral de la organización en la provincia, que en los últimos meses ha visto sustancialmente incrementado su trabajo, llegando incluso a sentir sensación de «agobio». «Es un no parar», advierte.

El perfil de quienes recurren en busca de empleo también ha variado debido a la inestabilidad del mercado laboral. Si antes eran fundamentalmente las mujeres quienes recurrían a Cáritas, en los últimos meses se ha notado un importante aumento de varones demandantes de empleo, «sobre todo, hombres que trabajaban en la construcción y se han quedado sin trabajo. Incluso algunos que llevaban toda la vida en esto», subraya Maite Casado. Entre las féminas también llama la atención que «recibimos muchas ofertas para trabajar en el servicio doméstico.

Las parroquias e incluso los servicios sociales de las administraciones son algunas de las vías por las que los nuevos usuarios conocen Cáritas, aunque «el boca a boca funciona mucho».

En la capital de Burgos, no quieren decir sus nombres porque son «de Burgos de toda la vida» y alguien podría reconocerles. Entrar en Cáritas y pedir ayuda les ha costado mucho. Llevan meses sin trabajo, la pensión de los abuelos no llega para mantenerles a todos, los niños están creciendo y necesitan ropa. Para ellos esta es una situación nueva. Han vivido otras crisis pero siempre habían salido adelante. Ahora pagar la hipoteca cada mes es toda una odisea. Nos cuenta su historia Alfredo Calvo, trabajador de Cáritas, para quien la crisis económica está adquiriendo el rostro de «gente normal, que conocías de siempre, y que han estado mucho tiempo soportando una situación complicada que les ha afectado a todos, abuelos, padres, hijos...y te vienen con las llaves del piso y te dicen que no lo pueden pagar».

Son nuevos usuarios de Cáritas que conviven con otros que retornan al sistema. Son sobre todo inmigrantes que ya se habían integrado plenamente en la ciudad, han estado algunos años trabajando como albañiles, camareros o empleadas de hogar y se lanzaron a hipotecarse y comprar un piso. Ahora vuelven porque han perdido el empleo y no pueden pagarlo.

Entre unos y otros, las cifras de Cáritas diocesana, sobre todo en el primer contacto de la atención de base en las parroquias, se ha incrementado un 30%. «Hay mas gente y piden cosas más básicas», señala Calvo, quien considera que se ha vuelto a niveles de principios de los noventa.

Fuente: ABC

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